Justicia y comunicación social, una asignatura pendiente

Miguel Rodríguez Marcos, Fiscal.

En más de una ocasión he oído de personas con una gran cualificación, y no sólo provenientes del mundo de la justicia sino también de otras muchas profesiones, que de poco vale hacer y trabajar mucho si no se sabe transmitir. En términos de hoy día podríamos decir que hay que saber venderse.

En el mundo de la justicia se me viene un día sí y otro también a la cabeza este dicho popular, porque veo grandes y complejos procesos judiciales, sentencias trabajadísimas o escritos de acusación del Ministerio Fiscal en casos de extraordinaria actualidad por afectar a personas de gran trascendencia social, que, a pesar de llevar detrás un riguroso trabajo (en muchos casos de meses e incluso de años), no se sabe transmitir y, por tanto, valorar, y ello a pesar de saber a ciencia cierta que dichas decisiones de Jueces y Fiscales van a estar al día siguiente en el punto de mira de los medios de comunicación social y de la población en general.

Si ahondamos en este tema, obviamente convendremos que existen errores por ambas partes.

De una, el Poder Judicial (donde incluyo tanto a los Jueces como a los Fiscales) que en muchas ocasiones no es capaz de transmitir lo que ha hecho, de hacerlo entendible  no sólo para aquél a quien directamente va el acto dirigido sino también para todos aquéllos que, de un modo u otro, van a ser también destinatarios, aunque sea de un modo indirecto. Pecamos de falta de empatía y de lo que es más grave, en muchas ocasiones de falta de interés en querer hacernos entender, y éste es uno de los principales problemas en la justicia, porque el Poder Judicial es efectivamente un Poder del Estado, pero no vive de forma aislada a él, sino en él, embebido en el Estado mismo, desde el que cobra todo su sentido y sin el que pierde toda su razón de ser. Ya lo decía Sun Tzu en “el arte de la guerra” y es que “no hay enemigo pequeño”. Muchas veces pensamos (y a veces ni eso) que basta con que se nos entienda por el destinatario único y directo de la resolución judicial, pero lo cierto es que eso es tener poca altura de miras, pecar de miopía, porque pocas son las sentencias o los escritos de acusación (y más cuanta más sea la relevancia social del tema en cuestión) en que los mismos no trascienden a los medios de comunicación social, y muchas veces no es que estos tergiversen malintencionadamente las resoluciones judiciales, sino que en la mayoría de los casos no las entienden o, entendiéndolas, no aciertan a descubrir el porqué de las mismas. De esta manera, aquello que lleva detrás un laborioso trabajo no se entiende, en consecuencia es objeto de crítica y esa crítica al Poder Judicial poco a poco le desgasta, le va haciendo mella y le desprestigia. Es fácilmente evitable.

Ahora bien, y como adelantaba, normalmente las culpas no son sólo de uno y ello sucede aquí con meridiana nitidez. En el mundo judicial se da, probablemente mucho más que en otros ámbitos, un tremendo intrusismo profesional. Todo el mundo está licenciado en Derecho y sabe, adónde vamos a parar, mucho más que los Jueces y los Fiscales que han superado una de las oposiciones más duras del Estado. Basta con que pongamos algún ejemplo reciente como la sentencia de “La Manada, tras la cual muchas plazas y calles españolas fueron inundadas con mareas humanas al grito de “tranquila, hermana, aquí está tu manada” o “no es abuso, es violación”, sucediendo que la inmensa mayoría de esas personas ni siquiera leyeron la sentencia que criticaban y, por supuesto, desconocían y siguen desconociendo la diferencia entre abuso o agresión sexual que es precisamente lo que jaleaban y el quid de la litis. Y todas estas manifestaciones populares acaban suponiendo un presión e injerencia intolerables en la actividad jurisdiccional.

Pensemos también en el caso de “Juana Rivas la madre que fue condenada por el Juzgado de lo Penal nº 1 de Granada por sustracción de menores a la pena de cinco años de prisión y seis de inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad, y que fue objeto también de concentraciones por toda España al grito de, entre otras, “Manolo Piñar, justicia patriarcal” con referencia expresa al nombre del Magistrado que dictó la sentencia.

Deberíamos ser todos más cautelosos, mucho más prudentes con el ejercicio profesional ajeno, máxime cuando del ejercicio de la actividad jurisdiccional estamos hablando. Me viene ahora  a la cabeza una viñeta que en la época de la publicación de esta sentencia leí en un conocido medio de comunicación escrito, en el que se decía algo así como “frente a las sentencias judiciales cabe siempre recurso, pero qué cabe frente a los juicios populares?…”. Pues eso.

De esta manera la solución al problema de la falta de comunicación y de conexión entre el mundo judicial y la prensa y la sociedad debe venir de una doble vía, por un lado, de un mayor respeto y prudencia con la crítica (en sí no negativa) no sólo a las resoluciones judiciales, sino también al trabajo diario de Jueces y de Fiscales. De tal manera que debe seguir existiendo crítica a los actos judiciales porque de ella aprendemos todos, pero tal crítica nunca puede erigirse en injerencia.

Por parte del Poder Judicial debemos hacer autocrítica ya si no queremos que el desgaste al que se nos somete con la crítica de determinadas actuaciones judiciales haga tanta mella que resulte imposible poder enmendarlo. Para ello debemos, primero, querer hacernos entender y, segundo, no sólo querer, sino lograr efectivamente hacernos entender.

En este punto resulta interesante analizar la situación actual. En la Carrera Judicial contamos con un Gabinete de Prensa en el Consejo General del Poder Judicial con funciones a nivel nacional y relacionadas con el órgano de gobierno de los Jueces, así como con el Gabinete de Prensa en cada Tribunal Superior de Justicia que se encarga de servir de nexo, de punto de unión entre el ámbito judicial de la respectiva comunidad autónoma y los medios de comunicación social existentes en la misma. A nivel de las Fiscalías, y de modo análogo, contamos con el Gabinete de Prensa de la Fiscalía General del Estado que asume funciones de comunicación a nivel nacional, así como las Oficinas de Prensa a disposición de los Fiscales Superiores de Comunidad Autónoma que cumplen análoga función que los Gabinetes de Prensa en los TSJ a nivel autonómico pero relativos a las noticias que incumben en particular a las Fiscalías. Por otro lado, en cada Fiscalía debe existir un Fiscal Portavoz encargado de comunicar directamente con los medios de comunicación y que, salva designación en particular, corresponde a los respectivos Fiscales Jefes o Fiscales Superiores.

Pues bien, esta estructura a nivel de comunicación resulta, primero insuficiente y, segundo, muchas veces, inoperante. Insuficiente porque resulta evidente que no todas las noticias judiciales se transmiten, ni siquiera las más relevantes y ello puede ser reflejo de que no es suficiente con estos mecanismos de comunicación, debieran, quizás, ampliarse con otros nuevos así como, también reforzar los ya existentes. Por otro lado, resulta muchas veces inoperante, porque a pesar de que se transmiten las resoluciones judiciales, o los escritos de acusación, estos no se entienden. Ello se debe, entre otros factores y como ya venía apuntando, a que no basta con transmitir textualmente lo que se ha hecho para que eso sea per se entendido y entendible, sino que debe explicarse, y esa es precisamente nuestra gran asignatura pendiente. Y esta asignatura se suspende desde el inicio, desde principios de curso, puesto que las resoluciones judiciales muchas veces son ininteligibles ni siquiera para aquéllos a quienes van directamente dirigidas, de ahí se deriva que difícilmente puedan ser entendidas por aquéllos ajenos al mundo del derecho y al procedimiento en concreto.

Debería, en primer lugar, hacerse los documentos judiciales sencillos y asequibles, para poder ser entendidos por cualquier persona. Así nos ahorraremos mucho trabajo a la hora de tener que ¨trasladar” ese contenido a la prensa o a la población. Y en una segunda fase, ese contenido debe ser transmitido de una forma inteligente, y ello supone que esa transmisión no puede ser entendida como un proceso automático (como si de una cadena montaje en una fábrica se tratarse) consistente en leer lo escrito a un periodista (como si no supiera leer) sino de explicárselo, de desmenuzar el contenido y si es posible hacer entender por qué se ha llegado a dicha solución, contestando a todas sus preguntas. Completando estas dos fases se lograría crear textos jurídicos mucho más asequibles y la conexión, tan fallida entre el poder judicial y la prensa y la población, encauzarse por un mucho mejor camino.

Finalmente, llamémosle la tercera fase en este proceso de comunicación, debe producirse ya un cambio de mentalidad y de actitud en todos los Jueces y Fiscales. En la práctica no sería necesario tener que idear nuevos mecanismos de comunicación o reforzar los ya existentes, bastaría con la implicación individual de todos los compañeros.

Todos los que estamos dentro sabemos que las Oficinas de Prensa y los Gabinetes de Comunicación sólo funcionan si los Fiscales y los Jueces a título particular colaboran facilitando información, si no, no hay nada que hacer, ni remedio que remedie el problema. De hecho, en muchos de los casos subsisten gracias a la excelente profesionalidad de los periodistas que hay detrás y que consiguen acceder a las noticias no se sabe cómo. No podemos ver al periodista como un enemigo, no podemos tener un miedo permanente a equivocarnos si accedemos a responder ante una cámara o una alcachofa…es, precisamente, lo contrario. Periodistas van a existir siempre y nuestras resoluciones (mientras sean noticiables) van a publicarse siempre, nos guste o no. Pues seamos inteligentes para que se publiquen en el modo y forma que a nosotros más nos interese, esforcémonos en explicar lo que hemos hecho, y ganaremos todos, la prensa que hará un trabajo con un mayor rigor, y nosotros que habremos sabido transmitir lo que hemos hecho. Pero para ello, insisto, es imprescindible, cambiar radicalmente la actitud y no tener miedo de atender a la prensa, porque no son el enemigo, si fuéramos más inteligentes serían, de hecho, uno de nuestros mejores amigos e incluso aliados ya que les convertiríamos en el cauce para conseguir ya no sólo que se entendiera lo que hacemos sino incluso, en muchas ocasiones, para revertir la crítica en elogio al trabajo realizado. Y para aquellos compañeros a los que sea imposible convencer en este nuevo entendimiento de la figura del periodista, de nuevo recordar a Sun Tzu en su “arte de la guerra” cuando sabiamente decía; “si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”.

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