By Eduardo Pastor Martínez

Magistrado Mercantil

Es la religión católica, estúpido

“Siempre habrá una penúltima resolución del TC sobre este tema mientras el TC aborde la cuestión mirando solamente a la libertad de enseñanza, sin considerar de forma explícita que el problema no es de educación, sino de las posibilidades de manifestación pública de la libertad religiosa (…). El TC debe determinar de una vez por todas cuál es el espacio posible para el ejercicio de la libertad religiosa dentro de nuestra sociedad”.

Lo que la justicia no debe ignorar

“la renuncia a corregir desequilibrios sociales o, al menos, a no hacerlo de una forma que no tenga amparo en el derecho, no significa que deba renunciarse, además, a la compasión en el desempeño del servicio público que se presta”.

No son héroes

“cuando todo esto pase, solo espero que nunca recordemos como héroes a los jueces y fiscales que prestan sus servicios en Cataluña o, en menor medida, a los que participan de los distintos procesos en los que se investiga el intento de secesión unilateral de Cataluña. Porque no son héroes y porque a nadie conviene que lo sean”.

Desagraviar a la democracia

“(…) esa respuesta de los jueces y fiscales supuso una muestra de dignidad necesaria, la inherente a sus cargos y que por eso no pueden permitir despreciar, porque no les pertenece a título personal. Una actitud que únicamente pretendía servir como un gesto de desagravio ante la ofensa que trató de causar el Sr. Torrent a una buena parte de los ciudadanos presentes y, por extensión, a la propia democracia. Un gesto comprometido y valiente para restaurar el daño hecho a la política y a la justicia”.

Conceptos grandes, razones útiles

“Hace algunas semanas se dio a conocer la creación en Cataluña de una nueva asociación judicial, Ágora Judicial (…) ¿Es esta nueva asociación de jueces un mero instrumento al servicio de los partidarios de la independencia catalana? (…) afirmo que su voz entraña el grave peligro de confundir a la ciudadanía en un momento en el que, de forma indispensable, se le debe trasladar un mensaje muy claro de confianza en sus instituciones”.

Ese timbre puritano

“(…) Sin embargo, cuando se desplazan siempre los ejes de la información o la facultad de informar hacia otros espacios distintos de los institucionales, bien puede resultar que, por el solo hecho de informar incluso sin atisbo de ánimo desleal, se influirá excesiva e inevitablemente en los procesos de toma de decisiones de las instituciones judiciales, como bien pudiera suceder con las que tienen que ver con las legítimas aspiraciones individuales al Tribunal Supremo o a la presidencia de otros órganos judiciales igualmente relevantes”.